Objetos y Casas: la arquitectura sin retórica de Klas Anshelm

  • Autor/a: Lorenzo Gil Guinea
  • Tipo: TD DPAA (Tesis Doctoral)
  • Línea de investigación: Patrimonio e Identidad
  • Directores: José Manuel López-Peláez Morales, Héctor Fernández Elorza
  • Defensa: 2025 Marzo

Objetos y Casas (Föremål och Hus) es el nombre de la exposición que Klas Anshelm organizó en el otoño de 1972, en la Galería Oficial de Arte de Lund, que él mismo había construido. Mostró esculturas, instalaciones y casas. Algunos se escandalizaron y tomaron la exposición como una falta de respeto por el arte. Sin belleza.

Quizá sea Klas Anshelm un arquitecto poco conocido. Quizá por eso quiera acercarme a él. Su obra, silenciosa, ha permanecido oculta en el paisaje arquitectónico, oscurecida por autores y obras de mayor brillo y relevancia. De carácter reservado, Anshelm rara vez habló de su obra. Las pocas palabras que acompañan sus publicaciones se limitan a señalar cuestiones objetivas. Nada hay en ellas que pueda desvelar sus intereses. A pesar de que vivió y trabajó durante 30 años en una ciudad, Lund, con una de las Universidades más importantes de Suecia, para la que construyó numerosos edificios, no ejerció ninguna actividad docente. Tampoco escribió sobre arquitectura ni sobre ningún otro arquitecto. No se trataba de una falta de conocimiento; era más una posición ética: lo que tenía que decir ya lo había construido. Tampoco en su estudio manifestó vocación didáctica. No parecía interesado en la transmisión de un conocimiento que, pensaba, estaba en realidad al alcance de todos. La suya era una tradición anónima. Ni maestros ni discípulos. La tierra, el sol y los vientos, las costumbres, la vida y la arquitectura que la había recogido, hablaban por sí mismos.

La tesis analiza la obra desde la propia obra, a través del estudio de la documentación original que se conserva. Lo hace asumiendo la posición del arquitecto, consciente de que somos, en buena medida, reflejo de lo que nos rodea, de las personas y los ambientes que nos acompañaron en nuestra infancia y en nuestra juventud. En definitiva, reflejo de nuestra Casa, entendida como un lugar fértil, vasto e íntimo al mismo tiempo.

La tesis trata de reconocer ese sustrato. Su infancia, sus fuentes, sus maestros en Chalmers, sus primeros amigos y colaboraciones, dejaron en él, una huella, que es perceptible: una alegría en el trabajo y una mirada; una mirada infantil, primigenia, ver las cosas como por primera vez, que determinan su obra posterior. Se establece así el marco bajo el cual la tesis analiza su obra.

Se toma el nombre de la exposición, y se seleccionan algunos objetos y algunas casas; ejemplos, si se quiere menores, dentro de una producción con edificios de mayor importancia y envergadura. En ellos, se piensa, ciertas cuestiones se silencian, se oscurecen y así otras se perciben con mayor intensidad. Es, en estas obras, donde la tesis trata de identificar los aspectos esenciales y permanentes de su arquitectura, las huellas de su proceso creativo y vital.

Como se verá, todos ellos, Objetos y Casas, nos hablan de una arquitectura doméstica, crecida de la propia tierra. Imperfecta, abierta, viva, que se enraíza en lo que le rodea y en las personas que la habitan. A medio hacer, acompaña y acepta la vida. La casa es entonces habitación y naturaleza. Se reúnen en ella lo más extenso y lo más íntimo, el territorio, con lo más primitivo y esencial del ser humano.

Así, su arquitectura se suma una tradición, la de aquellos que creyeron en una vida y una arquitectura más sencilla, sin modales, libre de representación y de símbolos culturales. Bajo está mirada, el arquitecto, como el jardinero, debía limitarse a cuidar, a podar y reverdecer, por un lado y por el otro, desde el conocimiento del medio y la tradición, la casa, que crecería, como una planta, orgánicamente, de la propia tierra, según sus propias leyes, en función del clima, de la composición del suelo, del lugar. Como el jardinero, discreto, el arquitecto permanece detrás de la obra, y con él, todo su esfuerzo, su voluntad y su conocimiento. La obra, anónima, se incorpora entonces a la vida de forma natural y permanente, y recibe su propia belleza, como sí siempre hubiese estado ahí. Sin retorica.